Cuando las flores empiezan a florecer o las hojas comienzan a cambiar de color, a muchas familias les da gusto poder pasar más tiempo afuera con sus niños. Pero para algunos pequeños, esos cambios en la naturaleza también traen resoplidos, picazón en los ojos y muchos estornudos. Las alergias estacionales (seguidas llamadas “fiebre del heno”) se producen cuando el sistema inmune de tu niño se vuelve más sensible a ciertas sustancias presentes en el aire, como el polen de los árboles, el pasto o las malas hierbas.
Si tu niño parece sentirse un poco mal cada vez que cambia la estación, debes saber que es un problema común para muchos niños. Entender la diferencia entre un resfriado común y una alergia puede ayudarte a encontrar la manera adecuada de hacer que tu niño se sienta mejor más rápido.

A veces puede ser difícil notar la diferencia, ya que ambos pueden causar una nariz moquienta y estornudos. Sin embargo, hay algunas señales que pueden ayudarte:
Una de las señales más claras es la comezón. Las alergias casi siempre vienen acompañadas de picazón y ojos llorosos, así como de comezón en la nariz o la garganta. Si tu niño se está tallando mucho los ojos o se frota la nariz con frecuencia para aliviar la comezón, es probable que se trate de alergias. Un resfriado común rara vez provoca comezón en los niños.
También puedes fijarte en el color del moco. En un resfriado, el moco muchas veces empieza clarito, pero después de unos días se vuelve más espeso y amarillo o verde. Con las alergias, normalmente se queda claro, aguadito y transparente sin importar cuánto dura.
Pon atención a cómo se siente tu niño en general. Si tu niño tiene fiebre o se siente adolorido y cansado, es probable que se trate de un resfriado u otro virus. Las alergias estacionales no provocan fiebre.
El tiempo es otra pista importante. Un resfriado normalmente sigue su curso y se quita en 7 a 10 días. Las alergias, sin embargo, duran mientras tu niño siga cerca de lo que las está causando, por ejemplo, mientras cierto árbol está floreciendo, lo que puede durar semanas o hasta meses.
La mayoría de los niños no desarrollan alergias estacionales hasta que tienen al menos 2 o 3 años, ya que el cuerpo necesita tiempo para exponerse al polen lo suficiente como para reaccionar a él. Sin embargo, los bebés más pequeños pueden tener alergias a elementos del hogar, como el polvo o las mascotas.
Las causas más comunes afuera cambian según la estación del año. En primavera, el polen de los árboles es el principal causante. A medida que nos acercamos al verano, el polen del pasto se vuelve más común y, en otoño, el polen de las malas hierbas, como el de la ambrosía, es el que más problemas da.
Aunque no puedes controlar el aire de afuera, puedes hacer pequeños cambios en tu rutina diaria para evitar que lo de afuera entre a la casa. Estos ajustes pueden ayudar a tu niño a respirar un poco mejor:
Fíjate en los niveles de polen en tu zona. Muchas aplicaciones del clima muestran los niveles diarios de polen. En los días en que el índice es muy alto, tal vez te conviene planificar más actividades dentro, especialmente por la mañana, cuando normalmente el polen está más fuerte.
Trata de mantener las ventanas cerradas. Aunque se te antoje dejar entrar el aire fresco, mantener las ventanas cerradas, tanto en la casa como en el carro, es una de las mejores maneras de evitar que el polen se quede en los muebles, la cama y los tapetes.
Establece una rutina de “llegada a casa”. Cuando tu niño entra en la casa después de jugar, un cambio rápido de ropa y lavarse las manos puede eliminar gran parte del polen. Si le están pegando fuerte las alergias, un baño antes de dormir también puede ayudar a quitar el polen que se le quedó en el pelo o en la piel para que no lo respire mientras duerme.
Seca la ropa adentro. Aunque tender la ropa afuera parece buena idea para ahorrar energía, las cobijas y la ropa pueden llenarse de polen cuando se quedan al aire libre. Usar un tendedero de interior o una secadora puede mantener esos alérgenos lejos de la piel de tu niño.
Si tu niño sigue sintiéndose mal después de introducir cambios en su estilo de vida, existen maneras seguras de ayudarlo a sentirse mejor. Siempre es buena idea platicar brevemente con tu pediatra antes de empezar a tomar cualquier medicamento nuevo, especialmente en el caso de niños menores de 2 años.
La solución salina nasal es un excelente primer paso. Los sprays o gotitas de agua con sal son una manera sencilla y sin medicina de enjuagar el polen de la nariz y aflojar el moco. A menudo, esta es la mejor opción y la más fácil para bebés y niños pequeños que aún no están preparados para tomar medicamentos.
Considera los antihistamínicos infantiles. Hay muchas opciones de venta libre (como la loratadina o la cetirizina) que son seguras para los niños. Estas actúan bloqueando la histamina, una sustancia química natural del cuerpo del niño que causa picazón y estornudos. Solo asegúrate de utilizar la versión específica para niños y sigue la dosis indicada para el peso de tu niño, en lugar de su edad.
Sprays nasales. Si tu niño tiene síntomas todos los días, el doctor podría recomendarte un aerosol nasal con esteroides. Estos ayudan a reducir la inflamación de la nariz y pueden hacer una gran diferencia en la calidad del sueño de tu niño por la noche.
Lidiar con las alergias estacionales puede parecer una maratón, pero con unos pequeños cambios, puedes ayudar a tu niño a volver a disfrutar del aire libre. Recuerda que cada niño es diferente: lo que funciona para uno puede no funcionar para otro. Ten paciencia, mantente atento a los niveles de polen y no dudes en hablar con tu médico si los síntomas de tu niño están haciendo difícil que juegue, coma, o pueda descansar en la noche.







