Tu niño pequeño apunta al mostrador de la cocina, llora y se pone rojo de la frustración. Le ofreces una galleta y la rechaza gritando. Le ofreces agua y echa su cabeza para atrás. Es una situación agotadora para él y muy frustrante para ti. A casi todos los padres les ha pasado.
La verdad es que el cerebro de tu niño pequeño muchas veces piensa más rápido de lo que puede hablar. Ya sabe lo que quiere decir, pero todavía no tiene las palabras para expresarlo. A eso se le conoce como la “brecha de comunicación”, y es una de las principales causas de frustración en los niños pequeños. Con solo incorporar unas cuantas señas sencillas con las manos a tu rutina diaria, puedes ayudar a tu niño a sentirse escuchado y comprendido.

Entre los 1 y los 3 años, los niños aprenden a un ritmo muy rápido. Sin embargo, su capacidad para hablar con claridad normalmente va más lento que su capacidad para comprender el mundo.
Cuando un niño no logra expresarse, muchas veces entra en un ciclo de frustración y berrinches. Un berrinche muchas veces es simplemente una reacción física por sentirse incomprendido. Cuando las palabras no salen, los sentimientos se manifiestan en forma de gritos o llantos. Al usar señas, puedes ofrecerle una manera más fácil de decirte lo que necesita antes de que la frustración llegue a su punto máximo. Puede ser una herramienta útil y una manera de que su cerebro mantenga la calma y siga conectado contigo.
El uso de señas puede ayudar a fortalecer la salud emocional de tu niño a largo plazo.
Fomentando la confianza: Cuando un niño hace la seña de “leche” y tú le das un vaso, se siente capaz. Este éxito temprano fortalece la confianza del niño. Aprende que lo que quiere comunicar importa, ya sea con palabras o con las manos y que puede expresar sus necesidades de manera efectiva.
Co-regulación: Tu calma es contagiosa. Cuando usas gestos y señas tranquilos, ayudas a tu niño a seguir tu ejemplo y calmarse contigo. Este es un proceso llamado co-regulación. Por ejemplo, puedes respirar lenta y profundamente, o colocar suavemente una mano sobre tu corazón mientras bajas la voz. Estas acciones sencillas le dan a tu niño un ejemplo visual sobre cómo calmar su propio cuerpo.
Un puente hacia el habla: Las señas actúan como un puente, ayudando a los niños a entender el significado de las palabras mientras practican la pronunciación de los sonidos.
Estos primeros momentos de éxito pueden ayudar a sentar las bases para una vida llena de comunicación sana y confianza.
No necesitas ser un experto en lenguaje de señas para empezar. Solo necesitas unas cuantas señas comunes para ayudar a tu niño a sentirse escuchado.
1. Elige tus tres favoritas
Empieza con tres señas que tu niño usaría todos los días. “Más”, “Comer” y “Ya terminé” son excelentes para empezar porque se tratan de cosas que probablemente le importan más a tu niño pequeño.
2. Dilo, señálalo y hazlo
Cada vez que digas la palabra, haz la seña y luego haz la acción. Por ejemplo, si le preguntas: “¿Quieres más?”, haz la seña de “más” y luego dale un bocado. Esto ayuda a su cerebro a conectar el sonido, el movimiento y el resultado.
3. Sigue su ejemplo
A veces, los niños pequeños inventan sus propias señas o gestos. Tal vez se toquen en la pancita cuando tienen hambre o jalan su oreja cuando están cansados. Reconocer estos gestos naturales es tan importante como enseñarles los gestos formales. Si hacen un gesto, repítelo y di la palabra. “¡Ah, te estás dando palmaditas en la barriga! ¡Tienes hambre!”
4. Mantén la paciencia y una actitud positiva
Es posible que tu niño pequeño tarde unas semanas en responderte con señas. ¡No pasa nada! Sigue usando tú mismo las señas. Tu consistencia le dice que la comunicación es una manera segura, divertida y confiable de conectarse contigo.
Si quieres una guía visual rápida que te ayude a aprender señas sencillas, puedes consultar esta tabla gratuita de lenguaje de señas en línea. Cada seña que usas es un pequeño regalo de lenguaje que puede ayudar a que el mundo de tu niño se sienta un poco más seguro.
Al usar las señas, estás haciendo más que solo calmar un berrinche o incluso evitar que empiece. Le estás dando a tu niño las herramientas para decirte cómo se siente y qué necesita. Le estás demostrando que lo estás escuchando, aunque todavía no tenga las palabras.







