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Cómo el estrés afecta el cerebro en desarrollo de tu niño: lo que los padres deben saber

Durante los primeros cinco años de vida, el cerebro de tu niño crece más rápido que en cualquier otra etapa de su vida. Para los 3 años, su cerebro ya alcanza el 80% de su tamaño adulto. Entender el estrés es muy importante durante estos primeros cinco años, porque es en esta etapa cuando se construye la base para todo su aprendizaje, comportamiento y salud en el futuro.

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Cuando tu niño pequeño hace un berrinche en la tienda o tu bebé llora en la oficina del doctor, puede ser un signo de estrés. Un poco de estrés es normal e incluso bueno para los niños, pero demasiado estrés por mucho tiempo puede cambiar el crecimiento del cerebro de tu niño. Entender mejor el estrés puede ayudarte a apoyar a tu niño durante estos años tan importantes para el desarrollo cerebral.

Cómo el estrés cambia el cerebro de tu niño

Cuando tu niño se estresa, su cuerpo produce una hormona llamada cortisol. En pequeñas cantidades, el cortisol es útil y le da a tu niño la capacidad de enfrentar desafíos, como aprender a levantarse después de caerse. Pero cuando el estrés sigue sin parar, el cuerpo de tu niño puede producir demasiado cortisol. Esto puede cambiar la manera en que se forman las conexiones en el cerebro.

El estrés afecta a tres partes principales del cerebro:

  • El hipocampo: Esta parte ayuda a los niños a aprender y recordar cosas. También ayuda a controlar cómo responde el cerebro al estrés. Los niños que viven con mucho estrés suelen tener un hipocampo más pequeño. Esto puede hacer que aprender sea más difícil y que les cueste más manejar sus emociones.

  • La corteza prefrontal: Es la parte del cerebro que ayuda a pensar, planear y controlar las emociones. El estrés puede debilitar las conexiones en esta zona, lo que puede hacer que a los niños les cueste más concentrarse, seguir instrucciones y manejar sus emociones.

  • La amígdala: Es el sistema de alarma del cerebro que vigila el peligro. Con demasiado estrés, esta zona puede volverse demasiado activa, tu niño puede sentir que siempre está en peligro, incluso cuando está a salvo.

Estos cambios no son solo temporales. El estrés durante estos primeros años puede afectar cómo se desarrolla el cerebro y tener consecuencias en la salud de tu niño durante toda su vida.

Entendiendo los diferentes tipos de estrés

No todo el estrés es malo para los niños. Aprender a manejar pequeñas cantidades de estrés, con tu apoyo, ayuda a tu niño a recuperarse de los momentos difíciles y adaptarse a los desafíos. Hay tres tipos diferentes de estrés.

Primero está el estrés positivo. Es saludable, normal y ayuda a los niños a crecer. Es un estrés leve que desaparece rápidamente y puede ser causado por experiencias cotidianas como conocer a alguien nuevo o ponerse una vacuna con el doctor. Le enseña a tu niño que puede manejar las cosas difíciles, especialmente cuando estás ahí para apoyarlo.

Luego está el estrés tolerable. Es grave, pero manejable. Activa la respuesta al estrés de tu niño con más fuerza que el estrés positivo y puede ser causado por cosas como un accidente de carro, la muerte de un familiar o mudarse a una nueva casa. Estas experiencias son más difíciles de superar para los niños, pero si te tienen a ti u otros adultos que los cuiden y los apoyen, su cerebro puede recuperarse.

Por último, está el estrés tóxico. Este sí es dañino y necesita atención. El estrés tóxico se produce cuando un niño se enfrenta a problemas graves durante mucho tiempo y de manera repetida, como el abuso emocional, el divorcio o la pérdida de uno de los padres, y no recibe el apoyo adecuado de un adulto. Ese apoyo les ayuda a sentirse seguros y a reducir el impacto del estrés. Sin ese apoyo, su cuerpo se queda en “modo peligro” todo el tiempo, lo que llena a su cerebro en desarrollo con hormonas de estrés. Este tipo de estrés puede perjudicar el desarrollo del cerebro.

Incluso en situaciones muy difíciles, tu presencia amorosa y constante puede hacer que el estrés tóxico se vuelva un estrés tolerable. Tú eres el apoyo más importante que tu niño necesita. Cuando estás ahí para consolar y ayudar a tu niño, estás protegiendo su cerebro en desarrollo.

¿Está pasando por estrés tóxico mi niño?

Los niños pequeños no siempre pueden decirte cómo se sienten o qué les pasa. En lugar de decirlo con palabras, muchas veces muestran el estrés a través de su comportamiento y su cuerpo. Estos son los signos a los que hay que poner atención según la edad:

Para bebés y niños pequeños (de 0 a 2 años):
  • Difícil de calmar: Llora por mucho tiempo o cuesta calmarlo incluso cuando estas abrazándolo y meciéndolo.

  • Problemas para comer o dormir: Rechaza el biberón, le cuesta dormirse o seguir dormido, o duerme mucho más de lo normal.

  • Evita el contacto visual: Mira hacia otro lado o parece distante, no interactúa contigo.

  • No le interesa jugar: No busca juguetes ni explora como otros bebés de su edad.

  • Retraso en los hitos del desarrollo: No balbucea, no señala o no va alcanzando ciertas etapas del desarrollo.

  • Demasiado apegado o pasivo: Necesita que lo carguen todo el tiempo o es demasiado quieto y callado.

  • Se enferma con frecuencia: Resfriados, infecciones de oído u otras enfermedades muy seguido.

Para niños en edad preescolar (de 3 a 5 años):
  • Dificultad para concentrarse: No puede prestar atención durante actividades cortas ni seguir instrucciones sencillas.

  • Problemas para recordar: Olvida cosas que ha aprendido, como su rutina diaria.

  • Reacciones emocionales intensas: Hace berrinches o tiene colapsos emocionales por cosas pequeñas, duran más o pasan más seguido que en otros niños de su edad.

  • Aislamiento: Menos interés por jugar con otros niños, no quiere ir a lugares que antes le gustaban.

  • Problemas para dormir: Pesadillas, se hace pipí en la cama (si ya han aprendido a ir al baño por la noche), miedo a dormir solos o le cuesta mucho tranquilizarse para dormir.

  • Retrocesos: Pierden habilidades que ya tenían, como querer volver a tomar el biberón, hablar como un bebé o tener accidentes al ir al baño (si ya han aprendido a ir al baño).

  • Quejas físicas: Dolores de estómago o de cabeza frecuentes sin causa médica.

  • Siempre nervioso: Parece preocupado, se asusta fácilmente con los sonidos normales o está siempre pendiente de cualquier peligro.

  • Comportamiento agresivo: Golpea, muerde o empuja a otros niños más de lo normal.

  • Juegos de simulación sobre cosas que dan miedo: En sus juegos repite escenas de violencia o temas perturbadores una y otra vez.

Todos los niños tienen días difíciles de vez en cuando, ¡y eso es normal! Busca patrones que duren semanas o meses y que parezcan más intensos que los que ves en otros niños de la misma edad. Si observas estos signos, buscar ayuda a tiempo puede hacer una gran diferencia.

Maneras de proteger el cerebro en desarrollo de tu niño

Aunque los niños pequeños son sensibles al estrés porque su cerebro se está desarrollando muy rápido, al mismo tiempo, sus cerebros aún pueden sanar con el apoyo adecuado.

En primer lugar, tu amor y apoyo son la mejor protección contra el estrés tóxico. Cuando respondes a las necesidades de tu niño de manera constante, ayudas a que su cerebro aprenda a regular el estrés de una manera sana. En el caso de los bebés, cargarlos cuando lloran no es malcriar o mimarlos. Al contrario, es darles amor y atención. En el caso de los niños pequeños y en edad preescolar, el contacto físico, como abrazarlos o tomarles la mano, puede darles consuelo. Además, ponerse a su nivel cuando están tristes y hacer que expresen sus sentimientos en voz alta puede ayudarlos a aprender que sus emociones son importantes. Cuando los niños se sienten queridos y seguros, su cuerpo produce oxitocina. Esta hormona protege sus células del cerebro y es incluso más fuerte que el cortisol.

Las rutinas regulares también pueden ayudar a los niños a sentirse seguros y protegidos. Cuando no saben qué esperar, la amígdala se mantiene en alerta tratando de averiguar qué va a pasar después. Trata de ser constante a lo largo del día, por ejemplo, manteniendo los mismos horarios para las comidas, las siestas y la hora de acostarse, o despidiéndose de la misma manera todos los días.

Las interacciones de “servir y devolver” también pueden ayudar a crear conexiones cerebrales. Habla con tu niño como si fuera un juego de pelota, él hace algo (sirve) y tu respondes (devuelve). Cuando tu bebé haga sonidos, devuélvele los sonidos y sonríe. O si tu niño pequeño imagina que es un chef y te sirve comida, finge comer y di lo delicioso que está. Los momentos felices ayudan a crear conexiones positivas en el cerebro que sirven de protección contra el estrés. Estas conexiones no solo son divertidas, sino que, con el tiempo, ayudan a construir la base sólida que tu niño necesita para el aprendizaje, la memoria y las respuestas saludables al estrés.

Proteger el cerebro de tu niño se produce en pequeños momentos de todos los días. Durante las actividades diarias, procura estar presente. Guarda el teléfono durante las comidas y los momentos de juego. Tu atención le muestra a tu niño que es importante y que está seguro.

También puedes ayudar a tu niño a desarrollar su vocabulario emocional nombrando los sentimientos, tanto los tuyos como los de él. Puedes hacerlo de dos maneras. Primero, da el ejemplo nombrando tus propios sentimientos en voz alta, por ejemplo, diciéndole a tu niño cuando te sientes frustrado, feliz o preocupado. Después, nombra lo que ves que tu niño está sintiendo con frases como: “Te ves triste porque se te rompió el juguete” o “¡Estás súper emocionado por ir al parque!”. Esto le enseña a tu niño que todos los sentimientos tienen nombres y que está bien hablar de ellos. A medida que tu niño te escuche nombrar los sentimientos, aprenderá a nombrar y manejar mejor sus propias emociones.

Cuídate

Los niños se dan cuenta cuándo estás estresado. Incluso los bebés perciben tus emociones. Cuando te sientes abrumado, tu niño también lo nota y puede estresarse más. Cuidarse a uno mismo no es egoísta. Es una de las cosas más importantes que puedes hacer por tu niño.

Si te sientes frustrado, intenta respirar profundamente. También puedes expresar lo que sientes, por ejemplo, diciendo: “Me siento frustrado, así que estoy respirando profundamente”. Si te sientes abrumado y necesitas alejarte, asegúrate primero de que tu niño esté en un lugar seguro y dile: “Necesito un descanso. Vuelvo en un minuto”. También puedes echarte un poco de agua fría en la cara para ayudar a que tu ritmo cardíaco y tu respiración se calmen. Dejar que tu niño vea que estás en una situación estresante y que estás intentando calmarte de manera saludable es una excelente manera de darle el ejemplo. Cuando estés más tranquilo, también podrás responder a tu niño con más paciencia.

Eres la mayor protección de tu niño

El cerebro en desarrollo de tu niño puede ser sensible al estrés, pero también responde de una manera increíble a tu amor, tu consistencia y tu apoyo. Puede que no seas capaz de proteger a tu niño de todo el estrés, pero cierto tipo de estrés, con tu apoyo, le ayuda a desarrollar resiliencia. Cuando suceden cosas difíciles o se desarrolla el estrés tóxico, tu presencia cariñosa hace una gran diferencia. Cada abrazo, cada momento de paciencia y cada vez que estás ahí para apoyarlo ayuda al hermoso cerebro de tu niño a seguir creciendo.

First 5 California
Aportación de:
First 5 California
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