Tu niño de 2 años se tira al suelo en la tienda, gritando porque le dijiste que no le vas a comprar un dulce. Tu niño no quiere vestirse y hace un berrinche porque no se decide qué camiseta ponerse. Tu niño pequeño golpea a su amigo cuando le quitan un juguete. ¿Te suena familiar?
Si tienes un niño pequeño, probablemente has visto estos momentos de intensa emoción más veces de las que puedes contar. Pero estas reacciones grandes son normales. También son una parte necesaria del desarrollo emocional saludable de tu niño.
- Por qué los berrinches son normales (e incluso necesarios)
- La importante diferencia entre los berrinches y las crisis emocionales
- Cómo responder a los berrinches: Mantener la calma cuando las cosas se ponen difíciles
- Desarrollar habilidades emocionales y prevenir los berrinches
- Le estás enseñando habilidades que le servirán para toda la vida

Exploremos por qué pasan los berrinches, cómo distinguir entre un berrinche y una crisis emocional y, lo más importante, cómo puedes ayudar a tu niño a aprender a manejar sus emociones de una manera que le sirva por toda su vida.
Entre los 1 y los 3 años, tu niño crece y cambia rapidísimo. Sabe lo que le gusta y lo que no le gusta. Tiene opiniones muy firmes. Y está decidido a hacértelas saber de cualquier manera posible.
Esto es lo que está pasando en el cerebro de tu niño pequeño:
Sabe lo que quiere, pero no siempre puede decirlo. Tu niño apenas está aprendiendo a usar palabras para expresar sus pensamientos y sentimientos. A veces no encuentra cómo decirte lo que le pasa, y eso le causa frustración que rápidamente puede convertirse en un berrinche.
Su “botón de parar” aún no funciona. El cerebro de un niño pequeño aún no puede “parar”. Le cuesta detenerse y no hacer cosas que no debería, como golpear o agarrar. Incluso cuando los niños pequeños pueden repetirte una regla, hasta que tengan entre 3½ y 4 años, su cerebro no está lo suficientemente desarrollado como para seguirla consistentemente.
Están aprendiendo habilidades importantes para la vida. Los berrinches pueden ser difíciles de manejar. Pero trata de verlos como oportunidades para que tu niño aprenda sobre las reglas y los límites, sobre las emociones y sobre cómo calmarse.
Las emociones intensas y los arrebatos son completamente normales en los niños pequeños de 0 a 3 años. Los berrinches son una manera en que el cerebro en desarrollo de tu niño aprende a manejar las emociones fuertes. Cada berrinche es una oportunidad para que practiquen cómo manejar sus emociones con tu ayuda.
Las palabras “berrinches” y “crisis emocionales” no significan lo mismo. Son situaciones diferentes que requieren respuestas diferentes.
Un berrinche pasa cuando tu niño quiere algo y le dices que no, o porque no quiere hacer algo que le estás pidiendo. La reacción pasa porque quiere algo específico. Durante un berrinche, tu niño tiene cierto control, pero como su cerebro aún se está desarrollando, le cuesta muchísimo manejar esas emociones tan fuertes.
La corteza prefrontal de tu niño pequeño, la parte del cerebro que le ayuda a controlar sus emociones y tomar decisiones, todavía no está completamente desarrollada. No tiene el desarrollo cerebral necesario para manejar la decepción como lo hacen los adultos o para evitar hacer algo que no debe. Cuando no pueden tener lo que quieren, su cerebro reacciona con emociones intensas porque no tienen los “frenos” para detenerse.
Trata de ayudar a tu niño a aprender que, aunque no pueda tener lo que quiere, sus sentimientos son válidos, que estás ahí para apoyarlo y que puede superar las emociones difíciles con tu apoyo. Con tu paciencia, tu niño dejará atrás ese comportamiento.
Una crisis emocional se produce cuando tu niño está estresado o se siente abrumado. El estrés puede venir de lo que está pasando a su alrededor, de lo que está sintiendo o de lo que le pides que haga. En una crisis emocional, tu niño no está tratando de conseguir algo que quiere. Más bien, está tan abrumado que no puede calmarse por sí mismo y es posible que no sea consciente de lo que pasa a su alrededor o de su seguridad. Como no puede protegerse a sí mismo en ese momento, primero asegúrate de que esté en un lugar seguro.
Tu niño necesita tu ayuda para calmarse. Esto puede significar ponerte a su nivel y hablar con él para que se pueda calmar. Pueden contar juntos hasta cinco o respirar profundamente juntos. También puedes ofrecerle abrazarlo si quiere un abrazo, o darle espacio y tiempo para que se calme física y emocionalmente. Esto puede tomar tiempo, así que trata de tener paciencia.
Si tu niño tiene crisis emocionales con frecuencia, las razones más comunes son que está muy cansado o hambriento, se encuentra en lugares ruidosos o con mucha gente (como tiendas o fiestas de cumpleaños), pasa de una actividad a otra demasiado rápido o se le pide que haga demasiadas cosas a la vez. Comprender qué es lo que abruma a tu niño puede ayudarte a hacer cambios, como ir de compras después de su siesta en vez de antes, avisarle lo que viene después o pedirle que haga una cosa a la vez en lugar de varias.
La manera en la que respondes al berrinche de tu niño puede hacer una gran diferencia en qué tan rápido se calma y en lo que aprende de ese momento.
Cuando tu niño está pasando por un momento difícil, necesita que te mantengas constante. Si reaccionas de manera exagerada como frunciendo el ceño, gritando o enojándote, es probable que tu niño se altere aún más. Esto hace que le resulte más difícil calmarse. Cuando mantienes la calma, ayudas a tu niño a aprender a calmarse también.
Mientras más tranquilo estés, mejor. Habla en voz baja y firme, y usa un tono amable y cariñoso. Sé consciente de lo que expresa tu cara y tu lenguaje corporal. Puede ser difícil controlar los berrinches cuando otras personas están observando a tu niño tener un berrinche. Recuerda que tu niño no está tratando de avergonzarte, solo está pasando por un momento difícil. Aunque haya gente viendo, haz lo posible por apoyarlo, guiarlo y mantener la calma.
Di lo que tu hijo está sintiendo, por ejemplo: “De verdad querías otra galleta. Las galletas están muy ricas y te molesta que solo puedas comer una”. Si te brincas este paso y pasas directamente a decir: “Estarás bien. Te puedes comer otra después de la cena”, es probable que tu niño se altere aún más para demostrarte lo mucho que quiere esa galleta, y eso puede empeorar el berrinche.
Pregúntele si quiere un abrazo u ofrécele una actividad relajante. Pueden cantar una canción que le guste, leer un libro favorito o salir a caminar juntos. También puedes ofrecerle actividades que consideres adecuadas para expresar su enojo, como romper papel, pisotear o golpear una almohada.
Los sentimientos de tu niño no son correctos o incorrectos. Lo que puede ser un problema es la manera en que los expresa, como golpear cuando está enojado.
Si tu niño golpea, patea a alguien o trata de correr hacia la calle, detén su comportamiento sujetándolo hasta que se calme. Si el berrinche empeora y se vuelve peligroso, es posible que tengas que darle un tiempo de reflexión.
Cuando los niños tienen berrinches, las estrategias comunes como el tiempo fuera pueden empeorar la situación. El tiempo fuera aísla aún más al niño de ti y le transmite que las emociones fuertes son malas. En vez de eso, intenta dar un “tiempo de reflexión” a tu niño para enseñarle a calmarse en el momento, lo que puede hacer que los comportamientos frustrantes y los berrinches sean cada vez menos frecuentes, y comunícale que hay otras maneras de lidiar con las emociones fuertes.
No se pueden prevenir todos los berrinches, pero hay muchas cosas que puedes hacer para que sean menos frecuentes y para ayudar a tu niño a desarrollar habilidades para manejar sus emociones a lo largo de su vida.
Haz una rutina diaria para que tu niño sepa qué esperar. Trata de seguirla lo más posible, incluyendo la hora de la siesta y la hora de acostarse. Los niños manejan mejor la frustración cuando han descansado bien.
Piensa en el momento adecuado para su edad. ¿Es realmente el mejor momento para ir de compras, o podría esperar hasta después de la siesta? Intenta planificar con anticipación haciendo los mandados cuando tu niño no tenga hambre ni esté cansado. Si sabes que van a estar fuera por bastante tiempo, lleva un pequeño juguete o una botana para que tu niño se sienta cómodo. Pero no le des juguetes que sean demasiado difíciles para su edad. Cuando algo les resulta muy difícil, esa frustración muchas veces termina en berrinche. También puedes intentar evitar las cosas que desencadenan los berrinches. Si tu niño te pide juguetes o dulces cuando vas de compras, cuando puedas, trata de no pasar por esas áreas.
También ayuda avisarle antes de un cambio. Dile a tu niño cuándo va a terminar una actividad: “Cuando termines este libro, es hora de la siesta” o “Cuando suene el reloj, es hora de bañarte”. Este aviso no siempre evita un berrinche, pero le ayudará a tu niño a prepararse para el cambio.
Deja que tu niño tome decisiones a lo largo del día para darle una sensación de control. Pregúntale cosas como “¿Quieres ponerte la camiseta roja o la azul?”, “¿Quieres comer fresas o plátanos?” o “¿Quieres leer un libro o jugar con bloques?”. No le hagas preguntas si realmente no hay ninguna opción para tu niño. En vez de preguntar “¿Puedes recoger tus juguetes?”, di “Es hora de guardar todos los bloques en la caja”.
Decide también si realmente necesitas establecer un límite; a esto se le llama “escoger tus batallas”. Piensa en qué límites son importantes y en qué aspectos puedes ser flexible. Por ejemplo, ¿puedes aceptar que tu niño elija su propia camiseta, aunque no combine con el resto de la ropa? Trata de pensar en lo que necesita y buscar un punto medio.
Comienza con sentimientos básicos como feliz, triste y enojado, y ayuda a tu niño a identificar esas emociones cuando las esté sintiendo. Por ejemplo, puedes decir: “Estás enojado porque ya no podemos jugar en el parque”, “Estás feliz cuando jugamos juntos” o “Pareces frustrado porque la pieza del rompecabezas no entra”. Entre más nombres sus emociones, más fácil será para él empezar a decirte cómo se siente. También puedes usar libros y programas de televisión para señalar las emociones que ves en los demás. Pregunta: “¿Cómo crees que se sienten ahorita?” y habla sobre por qué podrían sentirse así. Esto también ayuda a que tu niño entienda cómo se sienten los demás.
Cuando los niños sienten emociones fuertes, no siempre saben qué hacer con esos sentimientos. Enseñarles estrategias sencillas les ayuda a manejar sus sentimientos y a tener menos berrinches. Enséñale a tu niño a respirar profundamente para calmar su cuerpo y su mente. Por ejemplo, inhalar por la nariz y luego exhalar por la boca, como si fuera un dragón echando fuego. Mira “La canción del dragón” para respirar juntos como dragones.
Otras estrategias para calmarse incluyen estiramientos sencillos que pueden ayudar a liberar la tensión y centrar la atención en el cuerpo, o contar juntos lentamente hasta cinco o diez. Enséñale a tu niño que, cuando se sienta abrumado, siempre puede acudir a ti o a otro adulto de confianza en busca de ayuda. Entre más se le enseñes y le modeles estos comportamientos, más rápido empezará a hacerlo por sí mismo.
Crea un “rincón cómodo” seguro donde tu niño pueda ir a relajarse y calmarse. No es un lugar de castigo como el tiempo fuera. Es un lugar acogedor con almohadas suaves, peluches favoritos, libros relajantes o juguetes silenciosos. Hazlo atractivo y enséñale a tu niño que es un lugar seguro al que puede ir cuando se sienta abrumado. En lugar de un rincón, también puedes intentar un “kit para calmarse”. Esa es una caja con sus juguetes y actividades favoritas que puede abrir cuando siente emociones muy fuertes.
Tómate un “tiempo fuera” para ti mismo si lo necesitas, asegurándote primero de que tu niño esté en un lugar seguro. Muéstrale a tu niño que todos necesitan descansar de vez en cuando. Di cosas como “Ahora mismo me siento frustrado, así que voy a respirar profundamente”, “Mami necesita un minuto para calmarse, luego volveré” o “Me equivoqué, está bien. Lo voy a intentar otra vez”. Cuando tu niño ve que manejas tus propias emociones de manera saludable, aprende a hacerlo él mismo.
Presta más atención a tu niño cuando se porte bien. Dale un abrazo o dile lo orgulloso que estás de él cuando comparte o sigue las instrucciones. Trata de enfocarte más en reconocer los comportamientos positivos y no reaccionar de manera exagerada a los negativos. Cuando felicitas a tu niño por usar sus palabras, respirar profundamente o pedir ayuda en vez de pegar o gritar, él lo hará con más frecuencia. Cuando tu niño se siente seguro en su relación, maneja mejor la frustración.
Recuerda que, en realidad, no puedes hacer que tu niño se calme. Lo que sí puedes hacer es responder de manera que lo ayude a calmarse más rápidamente y a aprender habilidades para el futuro. A medida que las habilidades lingüísticas de tu niño van creciendo y él va mejorando su capacidad para manejar sus emociones, los berrinches serán cada vez menos frecuentes.
Tu presencia tranquila durante estos momentos difíciles está construyendo la base emocional de tu niño. Cada vez que tu niño tiene una emoción fuerte y tú lo ayudas a superarla, no solo estás deteniendo un berrinche, sino que le estás enseñando habilidades importantes para la vida: cómo reconocer sus sentimientos, pedir lo que necesita de la manera correcta, calmar su cuerpo y su mente y recuperarse de la decepción.
Así que la próxima vez que tu niño pequeño tenga emociones fuertes en el pasillo de los cereales o se niegue a ponerse los zapatos, respira profundamente. Recuerda que esto es normal, necesario y, con tu guía paciente, una oportunidad para crecer.







